martes, 12 de junio de 2007

Ranitidina

Cuando se dió cuenta el dolor de panza seguía ahí. No sabía si había nacido con él o lo había ido adquiriendo de tantos cuidados intensivos que siempre había tenido.
Lo que sí sabía era que las manos frías sí eran congénitas, una eternas manos frías que refrescaban en verano pero que en invierno lograban congelar ilusiones, lágrimas, tumultos y sonrisas.
En una tarde de reflexión había llegado a la conclusión que el dolor de panza seguramente tendría que ver con las manos frías, y que los dos síntomas eran parte de una enfermedad eterna y no conocida, una suerte de protección ante las siestas cálidas y los cafés, una defensa natural ante posibles felicidades.

También había llegado a la conclusión de que la ranitidina no servía para nada más que para llenar su bolso de papelitos metalizados.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

puntitos me divierte mucho esta serie farmacéutica.la seccion homeopatia para cuando?
me gusto mucho el de ls luces amarillas q no se a q remedio corresponde, segurmente a alguno que hace pensar en amarillo.
peP

ynsv dijo...

cuantas veces habre tomado esa bendita medicina sin resultados ominosos. es cierto que la frialdad de manos es hereditaria, a mi me heredaron una diferencia de 4º C de una mano a la otra, me parece que los genes me marcaron a mitad de invierno y a mitad de veranito.
y puf la ranitidina, no sirve ni para mierda, no apaga ese incendio abdominal pero los papeles plateados me siguen pareciendo lindos.