viernes, 8 de diciembre de 2006

Aplastamiento de las gotas
Julio Cortázar

Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol. Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.

5 comentarios:

yo no soy vos dijo...

es un troesma, me gustan esas gotas suicidad que gritan de pavor y felicidad mientras se tiran de cabeza a la nada de un balcón o una ventana, ojalá esas mismas estuvieran aquí, cómo se hace para tener la ventana llena de gotas suicidas?

maria a secas dijo...

se mira al techo buscandole formas a las nubes.....si, si eso....

cronopio dijo...

gracias.
gracias.
gracias.

sea feliz.

(...) dijo...

me parece que para tener la ventana llena de gotas suicidas tenés que ponerte a recordar lo que no hiciste por miedosa; o lo que hiciste por la misma razón, mientras un gato despeinado escuchaba todo.

(...) dijo...

adiós?
no, ni loca.